Daniela Castillo es una artista plástica chilena que usa hilos para darle forma a sus ideas. Gracias a la sección de #RadarCeroPresion di con una de sus obras y me llamó la atención lo novedoso de su técnica y lo expresivas que resultan ser sus imágenes. Me contacté con ella y accedió a darme una entrevista en la que me contó sobre el desarrollo de su técnica, los temas que atraviesan su obra y su mirada sobre el arte en la actualidad.

Daniela vive en Buenos Aires, Argentina desde marzo del 2016. Nació en un pueblo minero llamado El Salvador donde solo existe educación primaria y secundaria. Por esa razón migró desde los 18 años y, pese a que en su pueblo no había teatros, estudió un par de años de Diseño Teatral y otro par de años Bellas Artes.

– ¿Cómo alguien de un pueblo donde no hay teatros decide salir a estudiar Diseño Teatral?

– No sé, la verdad es que no sé. No tengo idea. Yo creo que tiene que ver con que, dentro de la escuela había teatro como una de estas típicas actividades escolares y a mí me gustaba mucho. Pero me gustaba mucho el maquillaje y la puesta en escena. Esa era mi onda.

Después de haber estado en un pueblo de 8 mil personas pasé a Santiago donde hay, no sé, 7 millones de personas y me volví loca. Ahí entré a la universidad, pero después resultó muy cara. Mis papás se jubilaron y decidí hacerme cargo de mí misma. Me puse a trabajar de mesera porque no tenía título universitario. Trabajé mucho tiempo de mesera y de barman. Después estudié Gestión Cultural, pero pasé mucho tiempo sin realizar obra.

Me pasó que tuve como una decepción del arte un tiempo. Esta cuestión de ver al artista tan lejano de la realidad. La gente está para la cagada y estos monos están poniendo un zapato arriba de un ladrillo. Me sentía muy decepcionada del arte, muy decepcionada de la figura del artista, hasta que conocí a mi maestro. Cuando lo conocí me fascinó su trabajo, me fascinó su filosofía. Más que un ser un tocado por los dioses, con un don para pensar cosas, él era un trabajador, un trabajador del arte y eso me gustó mucho. Con mi maestro volví, volví a trabajar, empecé a hacer grabados y ahí empezó mi carrera bien. Me caían mal los artistas, la verdad… no sé si me caen bien todavía. Hay ciertos esnobismos ridículos y a mí me dan un poquito de vergüenza.

No desmerezco los trabajos de nadie, pero como figura artística, no me siento así. Me siento más obrera. Bueno también tiene que ver con que uno trabajó mucho tiempo.

La gente está para la cagada y estos monos están poniendo un zapato arriba de un ladrillo.

Tú agarraste el camino opuesto, no ir hacia arriba sino hacia adentro y hacia atrás a preguntarte quién eres

– Yo me fui como en la onda de ¿Qué somos? Porque pienso que hay una deformidad hoy en día con esta cuestión de las redes sociales. Son muy buenas, a mí me encantan, pero sí veo que hay una cierta deformidad en la gente. Hay gente que cree que es la realidad de las personas la foto que sube al Instagram. Se pierde a sí misma. Creo que hay una deformidad de identificación ahí. De identificarse con algo, con alguien. A mí por ejemplo me da mucha risa cuando hay gente que usa muchos filtros y después uno lo ve en la realidad y es otra persona. Como dijo Dolina: al morocho le ponen un espejo que le deforma la realidad y deja de sentirse morocho.

Hay un problema de identificación y, en el arte contemporáneo, hace un tiempo yo diría que está ocurriendo esto de que la conceptualización de la obra se ha comido al trabajo en sí. No todo, pero el arte conceptual se tomó el podio del arte contemporáneo de hoy en día y, desde mi perspectiva, creo que está muy bueno volver al oficio, que la gente cuando ve mi trabajo sepa o no sepa de arte, no requiera saberlo.

Se acercan y me preguntan cosas tan simples como si lo he hecho sola. Causa algún tipo de admiración en la persona que lo ve y no esa sensación que está ocurriendo con la identificación del arte contemporáneo de que la gente no entiende de qué se trata. Ve cosas y la respuesta típica es “esto lo puedo hacer yo” y ese “esto lo puedo hacer yo” yo creo que ha puesto en crisis la representatividad de los artistas en la sociedad. Entonces, bajo ese concepto, creo que también es muy bueno volver al oficio sin perder la conceptualidad, digamos.

– De hecho, tu trabajo es muy expresivo, quieres que se entienda

Sí, por su puesto, que no queden dudas ¡¿Qué me voy a andar hecha la misteriosa?! ¿Para qué te voy a poner una cosa rara para que tú veas? No pasa nada… lo lindo de la mirada de una niñita, lo lindo de un grito, lo lindo de la raya, de la expresión ¿Qué más te puedo decir? Yo no voy a inventar el juego.

– ¿Ahora te estás dedicando a trabajar solo con hilos?

– Sí, estoy en una investigación continua, por un lado, la técnica, que es una técnica mía. Siempre me preguntan si les puedo enseñar la técnica, yo todavía no tengo como enseñarla porque parto las obras todas diferentes, todavía no tengo método. Todavía estoy trabajando con diferentes formatos, voy investigando el material y por otro lado está la investigación de generación de imagen con esta técnica que también tiene una particularidad en lo conceptual, que tiene que ver con el tema de identidad y de construcción de personalidad, de cómo nos construimos y cómo nos miramos a nosotros mismos, cómo se va diseñando nuestro recorrido en la vida. Entonces también estoy investigando la parte conceptual. Es como un continuo.

¿Cómo surge esto de crear tu propia técnica? ¿Viene de la prueba y error, has investigado a artistas que hagan cosas similares?

– La realidad es que la creación de la técnica fue un chiripazo. Yo trabajaba en Chile desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde como coordinadora en la escuela del área. A las 4 entraba como asistente de taller de mi maestro, en la misma escuela teníamos el taller. Trabajábamos hasta las 10 de la noche haciendo obra, trabajando en obra. Había veces en que mi maestro me decía “no quiero trabajar hoy día” y quedaba libre a las 4 de la tarde. Entonces me iba siempre al taller de un amigo mío que se llama Miguel Ángel Caro que es diseñador de modas, pero es artista también.

Un día me fui para allá y me dice: «mira, me encontré estos marcos en la basura, te regalo uno» Me senté con él a ver qué materiales tenía y tenía hilos, entonces empecé a jugar con el marco y los hilos. Cuando tuve hecha una primera trama, Miguel me dice: «Oye, pero si eso es una tela, en síntesis, hay una trama y unos mimbres, se entrecruzan.» Y me dice: «Bórdalo» Y ahí empecé a desarrollar la historia.

Después volví a la pintura un tiempo porque quería ver un poco más de los volúmenes y empecé a desarrollar la cuestión de identidad, de esta construcción de la historia y cómo nos entrecruzamos entre todos, el tejido social. Y ahí fue cuando lo retomé con más fuerza.  El material tiene un sentido conceptual dentro de la imagen, también. No es caprichoso.

Empecé a desarrollar la cuestión de identidad, de esta construcción de la historia y cómo nos entrecruzamos entre todos, el tejido social.

Hay un tema también con los bordados, con las mujeres y con los hilos y con estas otras formas que hacer que antes eran consideradas artesanías, que buscaban ser bellas, pero quedaban por fuera de los discursos artísticos, o que nunca parecían poder entrar en los discursos artísticos. Eso está cambiando un poco y el bordado empieza también a crecer o a escucharse un poco más de eso, pero lo de los hilos para mí fue nuevo. Al principio pensé que hacías hiloramas.

El hilorama lo que tiene es que se construye la imagen a través de la saturación del mismo color. Si paso mil veces por el mismo lado me hace un negro más profundo que si paso 2 veces. Es como el achurado con el lápiz. Pero mi trabajo yo lo hago con aguja, digamos, y no es por saturación sino más bien por color y es dual en ese sentido.

Yo, por otro lado, tengo mucho respeto por el bordado, porque el bordado para mí es una técnica maravillosa y también por el telar, pero esas dos prácticas, digamos, esas dos técnicas tienen como punto principal el orden. Son cosas muy ordenaditas, técnicas que requieren de cierta paciencia y continuidad y mi trabajo tiene que ver más con lo caótico. No tiene un punto, es caos total ¿viste? es como se construye la piel humana que son como asteriscos continuos que se van juntando.

Yo, personalmente me clasificaría más como dibujante con hilos, más que bordado, porque creo que me queda muy grande a mi lo de bordadora, la técnica es súper compleja, la de los bordados. De hecho, es súper personal lo que te voy a decir, pero hasta hace muy poco no me sentí artista textil, yo sentía que dibujaba con hilos, no más. Un amigo me dijo “Oye, pero si tú haces textil” y ahí como que me di cuenta de que mi material es textil pero no había caído.

De hecho, estuviste en un Festival de Experiencias Textiles en septiembre del 2019

Sí, participé en el Festival de Experiencias Textiles, el Salón de Bordado y en ese salón a mí me dejaron un poquito afuera. Me dijeron que no, en buena onda, que me ponían y todo, me dieron el premio del público, pero en la devolución me hicieron notar la diferencia, que mi trabajo no era netamente bordado, sino que tenía que ver con el arte contemporáneo. Por lo general me voy quedando en medio de cosas.

He visto que tu trabajo siempre va hacia las raíces. Decías hace un momento que estás trabajando en el tema de la identificación, pero también veo que trabajas mucho con la infancia, con la inocencia. Además, veo cosas que tienen que ver con los pueblos latinoamericanos y su política en tus obras ¿Puede ser?

-Sí, efectivamente. Yo creo que mi trabajo conceptualiza este tejido social histórico que uno lleva adentro. Creo que somos, continuamente, una red caótica de cosas que nos ocurren continuamente, que somos una historia dinámica que está reconstruyéndose constantemente y bajo esa concepción siempre hay cosas a las que volvemos. Entonces para mi es súper importante la infancia, para mí es fundamental porque para mí son seres que son las víctimas de la sociedad. Cualquier cosa que nosotros asumamos, los niños no tienen nada que ver y son quienes lo sufren al final. Entonces tiene que ver esta cuestión de que los niños siempre te miran con la pregunta «¿Quién eres tú? Mírame y vete.» No vete de irte sino vete de ver tú quién eres. Yo creo que hay una cuestión de identificación ahí.

En mi Instagram hay una foto de unos camiones que llevé al desierto con una obra en el medio, que era una mirada. Ese lugar donde la lleve es mi pueblo, donde yo nací y mi planteamiento era ese. Yo vivo muy lejos de mi pueblo, en mi pueblo no hay nadie que yo conozca. No está mi abuela, no hay nadie, no hay historia mía. Cuando yo vuelvo ¿Quién soy en ese pueblo? ¿Tengo el ADN de ese pueblo o realmente me construí a mí misma o me voy transformando? Cuando llegué a allá efectivamente me sentí transformada, o sea que mi historia no había pasado en vano. Yo efectivamente reconocía al pueblo, me sabía las calles, reconocía el sol y todo, pero no me sentía de ahí, entonces reconocí a los 18 años fuera de ese pueblo.

¿Tus preguntas están relacionadas con el hecho de ser una persona migrante?

No, yo creo que tiene que ver más con el ser persona. La pregunta fundamental que yo me hice es ¿Cómo construimos nuestra identidad? ¿Cómo construimos nuestra historia? Hay bastantes clasificaciones sociales como “soy mujer” “soy migrante” “soy chilena” “soy heterosexual, hasta el momento”. Hay muchas clasificaciones donde yo puedo entrar, pero eso no me determina, yo no soy esa persona y ¿Qué es lo que me determina a mí?

La reflexión que yo hago a la pregunta es que me determinan mis vínculos emocionales, la relación que yo tengo con una piedra, con el sol. De hecho, yo hablaba con un amigo el otro día y le decía que yo tengo una relación, sin querer, por ejemplo, con Britney Spears. Es parte de mi personalidad que cuando escucho ‘Oops I did it again’ me pasa algo, siento que dentro de mis parámetros de lo que he vivido no tendría por qué, pero esos pequeños momentos son los que van generando este tejido de personalidad, creo yo, que te empiezan a identificar. El recuerdo que te da el olor del café, que a mí no me pasa, esas pequeñas como gotitas o líneas pequeñitas van construyendo todo este mapa enorme que somos nosotros. Eso pienso, así respondo esta pregunta de cómo nos construimos.

El recuerdo que te da el olor del café, que a mí no me pasa, esas pequeñas como gotitas o líneas pequeñitas van construyendo todo este mapa enorme que somos nosotros. Eso pienso, así respondo esta pregunta de cómo nos construimos.

¿Cómo construyes eso en tu obra? ¿Cómo conceptualizas todo eso cuando unes los hilos?

– Yo creo que hay toda una unión continua que tiene que ver con la forma, el color y la imagen, todo es uno. La elección de color también tiene una particularidad y la elección de montaje, la elección de cómo uno plantea el armar. Por ejemplo, tengo toda una serie de obras que tengo con fondo negro que se llama factor humano, que son de emociones netamente: Niños mirando, gente gritando, son como la humanización en el gesto.

Por otro lado, tengo todo un trabajo que son generalmente ojos que pongo en el espacio, trabajar en el espacio público tiene lo lindo de la interacción con el otro. La obra en el formato más tradicional que es el formato de un cuadro, por ejemplo, es más intimista, pero en el espacio público pasa esto de que uno logra interpelar al otro también de manera íntima, pero en un lugar público. Creo que pasan cosas súper interesantes ahí. El formato creo que es esencial para interpelar lo que uno quiere interpelar.

¿Es difícil convertir la materialidad que usas en objetos expresivos? Porque se me ocurre que en el hilo hay tensión y formas que pueden ser muy rígidas, pero tú logras suavizarlas y expresar

Yo creo que el óleo es más difícil. La pintura para mí es más difícil porque no tiene carga, en cambio el hilo y lo textil sí. El hilo de Ariadna (por ejemplo), el textil es muy maternal. Lo primero que te envuelven es algo textil. A lo mejor supongo que si yo trabajara otro tipo de temas que no fueran emocionales, a lo mejor la carga del material me sería más difícil de transformar. Pero como el material tiene esto de emotividad, de cercanía, de abrazo y yo trabajo efectivamente ese tipo de cosas, creo que es más bien una elección cuidada, más que un desafío. El material le suma, pero en el trabajo técnico, yo te diría la verdad que tiene mucho que ver con el dibujo, con la línea y el punto.

El material tiene esto de emotividad, de cercanía, de abrazo y yo trabajo efectivamente ese tipo de cosas, creo que es más bien una elección cuidada, más que un desafío.

¿Cuánto tiempo te toma hacer una obra? ¿Cuánto te tomó ‘Hambre’?

Hambre son dos ruedas de bicicleta que en vez de radios tienen tanzas. Puse tanzas de manera caótica y después las bordé arriba. Entonces una de las ruedas tiene bordada la parte interior de la boca y la otra rueda tiene bordada la parte exterior de la boca, o sea los dientes y los labios. Me tomó mucho tiempo porque me costaba mucho que me quedaran bien. Me costó mucho la coordinación entre un bordado y el otro para que se produjera la profundidad. En ese yo creo que me demoré dos meses o dos meses y medio. Depende de la dificultad.

La obra que llevé en un camión al Salvador se llama ‘Vínculos y ataduras’. En esa obra me demoré 20 días a toda máquina, porque era una residencia de 10 días. Fueron 20 días, pero a full. Desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche, todos los días, con fuerza loca. Y claro, al principio me demoraba 5 meses con una obra medio emproblemada, ahora no. Ahora hay cosas que ya tengo más solucionadas, me demoro menos. Lo mínimo que me demoro es una semana trabajando en horarios de oficina

– Es interesante que una artista de un pueblito latinoamericano haya podido materializar su perspectiva y ponerla en el espacio público

– Sí, sí. Es que tuve el privilegio que me dieron mis papás de meterme al mundo del arte. Porque gracias a ellos pude ir a la universidad y yo muy adolescente me salí, por su puesto… y a lo mejor ellos no conocían mucho el mundo cultural y artístico, pero siempre tuve la posibilidad de conocer la cultura. Mi familia no es precarizada y ahí uno se pregunta eso. ¿Cuántos artistas geniales, trabajadores, con obras súper interesantes pueden estar detrás de la precarización, de que no saben, de que no tienen idea de cómo se pueden hacer las cosas?

Y no solo artistas sino ingenieros, médicos que no tienen la posibilidad ¿Cuánta genialidad hay ahí? Me pregunto eso cuando veo que Latinoamérica está tan azolada por la desigualdad. Cuando ves a niños chiquitos que son geniales, tú dices ojalá estudiaran en alguna parte donde les mostraran más mundo, que llegaran a la universidad y le mostraran más mundo… De hecho, por eso me gusta Argentina, porque tiene educación pública… Es bacán que niños que no cachaban nada, tienen hasta un Premio Nobel en la historia. Eso es lindo, hermoso, pero claro la meritocracia nunca fue. Yo partí, como te decía, desde más adelante del punto de partida.

María Elena Layana

María Elena Layana

Cantante y comunicadora. Escribo para crear puentes y para que mis recuerdos no me olviden.

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